Cambio Climático

Cambio Climático
Cambio Climático

«Los chimpancés, gorilas y orangutanes han vivido miles de años en su bosque, viviendo vidas fantásticas, en entornos donde reina el equilibrio, en espacios donde nunca se les ha pasado por la cabeza destruir el bosque, destruir su mundo. Diría que han tenido más éxito que nosotros en cuanto a estar en armonía con el medio ambiente».

Jane Goodall

 

El cambio climático es el mayor desafío de la humanidad. Todas las regiones del mundo  sufren sus efectos con mayor frecuencia y virulencia; se habla por eso de “crisis climática”.  Cambios meteorológicos, aumento del nivel del mar, inundaciones con desaparición de poblaciones costeras, migraciones, destrucción de cultivos, muerte de ganado,  sequías, enfermedades. En todos los casos los sectores más pobres y vulnerables son los más afectados.

El clima de la Tierra ha variado muchas veces a lo largo de su historia debido a fenómenos naturales: erupciones volcánicas, cambios en la órbita de traslación de la tierra, variaciones en la composición de la atmósfera, entre otros.

El advenimiento de la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XVIII impulsa el paso de una economía rural, basada esencialmente en la agricultura y el comercio,  a otra de carácter urbano, industrializada y mecanizada. Con ella la humanidad experimenta su mayor transformación económica, tecnológica y social desde el Neolítico, 10.000 atrás,  cuando fue capaz de domesticar plantas y animales y permitir el surgimiento de las primeras sociedades agrarias.

Como resultado del proceso de industrialización se incrementó la combustión de petróleo y carbón, la tala de bosques y algunos métodos de explotación agrícola. Ello provocó un incremento de la temperatura media de la superficie terrestre de 0,6%c lo que trajo aparejado el aumento de los gases de efecto invernadero.  

Entre los gases de efecto invernadero se encuentran el vapor de agua (H2O), el dióxido de carbono (CO2), el óxido nitroso (NO2) el Ozono (O3) y el metano (CH4), que tienen la propiedad de absorber y reemitir la radiación infrarroja que la Tierra recibe del sol. Gracias a ellos, ocurre un fenómeno conocido como efecto invernadero natural, que permite que la Tierra mantenga una temperatura promedio 15 ºC.  Si no existiera este efecto, la temperatura promedio sería de -18 ºC 

A medida que la población, las economías y el nivel de vida crecen, también lo hace el nivel acumulado de emisiones de ese tipo de gases que desde la Revolución Industrial se han incrementado en niveles nunca registrados en millones de años. Ello ha conducido a una alteración de la temperatura. El más abundante de estos gases es el dióxido de carbono (CO2), resultado principalmente de la quema de combustibles fósiles 

Tan grave como el cambio climático es la pérdida de la biodiversidad, también llamada “diversidad biológica”, que es la trama sutil de la vida en todas sus formas dentro del planeta. Ambos fenómenos – cambio climático y pérdida de la biodiversidad- están  profundamente vinculados. 

La temática ambiental atraviesa la Agenda social de las Naciones Unidas cuyos objetivos permanecerán inalcanzables en tanto ella no sea abordada de manera global y responsable por los gobiernos, las corporaciones y la sociedad civil. 

 Las Cumbres de la Tierra los Acuerdos Internacionales

Desde hace varias décadas la comunidad internacional se ha preocupado por las cuestiones ambientales; a partir de su tratamiento en el ámbito de las Naciones Unidas las concepciones ambientales comienzan a integrarse en un corpus unificado.  En 1972 se celebra la Primera Cumbre de la Tierra conocida como Conferencia sobre el Ambiente Humano (Estocolmo), se crea el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente –  PNUMA o UNEP de su sigla en inglés, con sede en Nairobi,   y el Programa Intergubernamental “Hombre y Biosfera” (MAB por su sigla en inglés) en 1971 en UNESCO. 

La Conferencia de Estocolmo emitió una Declaración de 26 Principios y un plan de acción con 109 recomendaciones. Se fijaron algunas metas específicas: una moratoria de diez años a la caza comercial de ballenas, la prevención de descargas deliberadas de petróleo en el mar a partir de 1975, y un informe sobre los usos de la energía para 1975.

En 1988 bajo la iniciativa del PNUMA y  la Organización Meteorológica Mundial (OMM)  se crea el  Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) para evaluar el estado de los conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones y estrategias de respuesta de manera de brindar respaldo científico a las negociaciones sobre cambio climático. 

En 1983 las Naciones Unidas establecen la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo presidida por la Dra. Gro Harlem Brundtland (Noruega, 1939) quien desarrolla ampliamente el concepto de desarrollo sostenible. 

La Comisión, bajo su liderazgo, elabora el Informe “Nuestro Futuro Común” (también conocido como “Informe Bruntland”) presentando en 1987. Entre sus consideraciones el Informe señalaba que para satisfacer “las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias” la protección del medio ambiente y el crecimiento económico habrían de abordarse como una sola cuestión.

 Las Recomendaciones del Informe Bruntland condujeron a la convocatoria de la Conferencia sobre Ambiente y Desarrollo, también conocida como Segunda Cumbre de la Tierra, celebrada en Rio de Janeiro en 1992. 

Los objetivos fundamentales de la Cumbre eran lograr un equilibrio justo entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones actuales y futuras y sentar las bases para una asociación mundial entre los países desarrollados y los países en desarrollo, así como entre los gobiernos y los sectores de la sociedad civil, sobre la base de la comprensión de las necesidades y los intereses comunes.

 La II Cumbre de la Tierra concluyó con la aprobación de tres grandes acuerdos: el Programa (Agenda) 21 de las Naciones Unidas (ONU) para promover el desarrollo sostenible donde se detallan las acciones a llevar cabo a nivel mundial, nacional y local, por los gobiernos de los estados miembros de la ONU y por las partes interesadas en las que se generan impactos humanos sobre el medio ambiente;  la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, conjunto de 27 principios universalmente aplicables para ayudar a guiar la acción internacional basándose en la responsabilidad medio ambiental y económica; y una Declaración de principios relativos a los bosques, que contiene un conjunto de 15 principios no vinculantes, para orientar la política nacional e internacional para la protección, la administración y el uso más sostenibles de los recursos forestales mundiales

Con la Cumbre surgen varios instrumentos internacionales jurídicamente vinculantes e intrínsecamente relacionados: 

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC o UNFCCC de sus siglas en inglés)) cuyo objetivo es prevenir una interferencia humana “peligrosa” con el sistema climático para lo cual acuerda en “estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmosfera”. 

Dentro de este marco los grandes focos del debate han sido desde sus inicios dos: por un lado, quién debe reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y cómo, y por el otro, cómo repartir los costos entre las distintas economías del planeta.  Esto ha enfrentado históricamente a países desarrollados y en desarrollo.

Debido a que la CMNUCC proponía límites no vinculantes sobre las emisiones de gases de efecto invernadero para países individuales y ningún mecanismo de cumplimiento, se negociaron varias “extensiones” de este tratado durante las sucesivas conferencias de las partes, o COP : el Protocolo de Kioto en 1997, que definía los límites de emisión para los países desarrollados a alcanzarse en 2012; y el Acuerdo de París, adoptado en 2015, en el que todos los países del mundo acordaron intensificar los esfuerzos para limitar el calentamiento global a 1,5 ° C por encima de las temperaturas preindustriales e impulsar la financiación de la acción climática.

Entre lo más destacable logros del Acuerdo de Paris  se encuentra el hecho de disponer de  un acuerdo global legalmente vinculante que deberá ser ratificado por los países. A diferencia del Protocolo de Kioto , los aportes individuales (llamados contribuciones nacionalmente determinadas o #NDCs) de reducción de emisiones no forman parte del Acuerdo , ni tampoco hay una meta agregada de reducción sino que las partes solamente se obligan a presentar sus NDCs y reportar regularmente sus progresos, evaluar el progreso individual y colectivo de manera conjunta (sin establecer sanciones a quienes no cumplen sus NDCs), y a continuar colaborando para incrementar la ambición a lo largo del tiempo. 

La Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CBD) con sus tres objetivos: la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos. La COP (Conferencia de las Partes) ha celebrada 14 reuniones y la 15 sesión tendrá lugar en China, octubre de 2020. Allí se decidirán las metas sobre biodiversidad post-2020. El tema de la Cumbre Kunming, “Una Civilización ecológica: Construir un Futuro Compartido para la Vida en la Tierra”

Existen otros dos convenios que también se relacionan con las cuestiones ambientales: la  Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD) y la Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional (Convención Ramsar).

Desarrollo Económico, Cuidado del Ambiente en la Agenda de Cooperación 

En los años posteriores a la Conferencia de Rio se producen cambios en la geopolítica mundial de gran envergadura, emergen nuevas economías y una agenda de cooperación para el desarrollo donde cobran relevancia los temas de reducción de la pobreza, educación, salud, genero,  cuidado ambiental, y sostenibilidad. La Declaración del Milenio refleja ese espíritu que se  traduce en los ocho Objetivos del Milenio (ODM).

Estos objetivos son resultado, en parte, de un amplio proceso de movilización y de acción política que involucró a Estados, organizaciones internacionales, ONG y alianzas mundiales de movimientos sociales, a través de las “Cumbres” de la década del noventa : Infancia (Nueva York, 1990), Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992), Población (El Cairo, 1994), Desarrollo Social (Copenhague, 1995), Mujer y desarrollo (Beijing, 1995) y Alimentación (Roma, 1996). De igual manera que las “Cumbres paralelas” o “contra cumbres” de los actores sociales, que darán lugar al Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre que se celebra por primera vez en 2001 que propone una agenda alternativa a la globalización bajo el lema “Otro Mundo es posible”.  Las Naciones Unidas esta presente en los FSM a través de UNESCO.

De ese complejo proceso emergen los “Objetivos de Desarrollo Internacional” u “Objetivos 2015” de 1996, inicialmente concebidos sólo para los países donantes, pero que entre 2000 y 2001 serán redefinidos como ODM por las Naciones Unidas con un calendario que se extiende hasta el 2015

En este marco se gesta la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Mundial,  III Cumbre de la Tierra, que se reconoce como seguimiento de la Cumbre de Rio y de los pactos allí alcanzados – en particular el Programa 21 –  así como de la Cumbre del Milenio y que se celebra en Johannesburgo, Sudáfrica, en 2002.  

Su ambiciosa agenda se extiende sobre cuestiones ya identificadas pero cuya gravedad creciente exige compromisos claros y globales: pobreza, agua dulce, saneamiento,  agricultura, desertificación ,energía, empleo, salud , educación, océanos, bosques, tierras secas ; también los desafíos particular que enfrentan los países africanos y los pequeños Estados insulares en desarrollo. Sus objetivos, no son menos ambiciosos que las cuestiones abordadas; alcanzar los ODM – en especial la reducción de la pobreza – antes del 2015; reducir el afecto invernadero con la implementación del Protocolo de Kioto e incrementar la utilización de energías;  preservación de la biodiversidad. 

La Declaracion de la Cumbre de Johannesburgo es un reconocimiento del estado de situación del mundo y los problemas que afectan a la humanidad y al planeta agravados desde 1992 por la globalización y la pobreza. Dejo en muchos un sabor de insatisfacción aunque por otro lado evidencio la necesidad de  alcanzar un consenso mundial y de una alianza entre todos los pueblos del planeta para construir un futuro común.

En 2012, dos décadas después de la Conferencia de Rio, se celebra la cuarta y última Cumbre de la Tierra Rio +20,  que genera una visión contenida en el documento final El futuro que queremos”, donde la comunidad global reconoce que para que el desarrollo sea eficaz, debe ser sostenible, reconoce la íntima vinculación entre la protección ambiental y el desarrollo económico y la importancia de la dimensión social del desarrollo sostenible. 

El documento sigue aun pareciendo vago ante la complejidad de los problemas políticos, sociales, financieros y económicos del mundo y los poderosos intereses que mantienen el status quo impidiendo los cambios necesarios. Sin embargo la inclusión de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS)  en el texto final como metas hacia el 2030 se considera que ha contribuido a dar forma a la Agenda para el Desarrollo. Estos son 17 objetivos – contra los 8 del Milenio- y su calendario se extiende hasta el 2030.

 

La Agenda 2030 aúna en esta forma dos agendas convergentes que se habían venido gestando a lo largo de casi cuatro décadas: la del Desarrollo Humano, heredera de los ODM y la del Desarrollo Sostenible, resultante de las cuatro Cumbres de la Tierra. 

Con un proceso de globalización que afecta a todos por igual se procura avanzar hacia una agenda de alcance universal, que luche contra la desigualdad y sostenibilidad medioambiental y que resulte relevante para todos los países y sociedades, sin limitarse a la reducción de la pobreza extrema, aunque ésta siga siendo una prioridad.

Los ODS tienen carácter mundial y aplicación universal, y constituyen un conjunto integrado e indivisible de prioridades mundiales, sin dejar de tomar en consideración las diferentes realidades nacionales y respetar las prioridades nacionales. 

A diferencia de los ODM el mandato de los ODS propende a la plena integración de las dimensiones económica, social y ambiental del desarrollo, con lo cual su agenda ambiental es más ambiciosa abarcando seis de los 17ODS con metas de sostenibilidad en otros tres.

Cambio Climático y Pérdida de la Biodiversidad

A principios de 2019 se presentó en la sede de UNESCO en Paris,  el Informe de Evaluación Global de la  Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES),  órgano intergubernamental independiente, constituido en el año 2012 e integrado por 130 Estados Miembros. A menudo es descrita como el “IPCC de la biodiversidad”. 

Los componentes de la diversidad biológica son todas las formas de vida que hay en la Tierra, incluidos los ecosistemas, los animales, las plantas, los hongos, los microorganismos y la diversidad genética.  Esta combinación de formas de vida y sus interacciones mutuas y con el resto del entorno a lo largo de miles de millones de años de evolución ha hecho de la Tierra un lugar habitable y único para los seres humanos.

La diversidad biológica ofrece un gran número de bienes y servicios que hacen posible nuestra vida: agua, alimentos, control del clima, salud, recreación, entre muchos otros.

Esta primera evaluación global de la biodiversidad desde el año 2005 ofrece una gama de posibles escenarios para las próximas décadas y una hoja de ruta y mensajes clave para los decidores políticos.

El informe subraya que estamos ante la sexta extinción masiva desde la que se registró hace unos 66 millones de años que termino con la vida de los dinosaurios y tres cuartos de la especies en la tierra cuando un meteorito gigantesco se estrelló en lo que es hoy la península de Yucatán. Actualmente alrededor de 1 millón de especies de animales y plantas se encuentran en peligro de extinción a un ritmo mayor que el que se registró desde entonces y la causa ya no será computable a ningún meteorito sino a la acción humana.

Los cinco impulsores directos de la degradación en la naturaleza son en orden descendente: 

  1. cambios en el uso de la tierra y el mar; 
  2. sobre explotación directa de organismos (tráfico de especies, consumo de carne silvestre, sobrepesca, etc.);
  3. cambio climático.
  4. contaminación y
  5. especies exóticas invasoras.

El cambio climático – con sus secuencias de eventos extremos y devastadores – si bien no es la primera causa está interactuando cada vez más con todos los demás impulsores de la pérdida de biodiversidad inducidos por el hombre. 

El informe encuentra que los objetivos para usar y preservar la naturaleza de manera sostenible en vistas del 2030 y más allá sólo podrán lograrse a través de cambios transformadores en los sectores económicos, sociales, políticos y tecnológicos. 

Los incendios en el Amazonas que han afectado áreas de Bolivia, Perú, Paraguay y Brasil están vinculados a procesos de deforestación para la agricultura de monocultivos y la  ganadería que responden a intereses económicos indiferentes al hecho que allí se anida el  50 % de la biodiversidad del planeta que la torna indispensable para combatir el cambio climático . 

Por ello no resulta de extrañar que el Informe del IPBES identifica como un elemento clave la evolución de los sistemas financieros y económicos globales para construir una economía sostenible, alejada del paradigma actual de crecimiento económico.

La conclusión más importante de este ejercicio es que ya no resulta posible abordar el bienestar humano para todos, el cambio climático y la biodiversidad en forma aislada sin arriesgarse a agravar los otros problemas. 

El Acuerdo de Paris, los Objetivos del Desarrollo Sostenible y la CBD  deben “dialogar” para avanzar de manera más integrada de lo que han estado  hasta el presente 

Un momento crucial de consensos políticos

 

No existen dudas que la humanidad está corriendo contra el reloj. En su último Informe especial de octubre de 2018, el IPCC fue claro en la necesidad de limitar el calentamiento global a 1.5ºC y señalar que ello debería ir de la mano con el compromiso de asegurar una sociedad más sostenible y equitativa. Esta conclusión en términos prácticos significa que las emisiones netas mundiales de dióxido de carbono (CO2)  de origen humano tendrían que reducirse en un 45 % para 2030 con respecto a los niveles de 2010, y alcanzar el “cero neto” aproximadamente en 2050. 

De acuerdo con el IPCC el sector energético es el mayor contribuyente a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), con un 60% del total. La tasa anual de crecimiento de las emisiones del sector energético se ha acelerado de 1,7% por año entre 1990 y 2000 y de  3,1% entre 2000 y 2010. El 35% del total de las emisiones corresponden al Sector de oferta de energía, que comprende: extracción, conversión, almacenamiento, transporte y distribución a los sectores de uso final industria, transporte, edificaciones y agricultura. Existen múltiples opciones para reducir las emisiones: mejoras en la eficiencia energética, reducciones de las emisiones fugitivas (en extracción y también en conversión, transporte y distribución), cambio de combustibles, uso de fuentes de energía con bajo contenido en carbono (renovables, nuclear), y captura y secuestro de carbono (CCS).

 Con el fin de acelerar la implementación del Acuerdo de París y preparar el camino a la COP 15 en Chile,  el Secretario General de las Naciones Unidas Antonio Guterres, ha organizado la Cumbre sobre la Acción Climática el próximo 23 de septiembre. 

 En ese ámbito se reunirán los líderes del mundo, el sector privado y la sociedad civil con la finalidad de respaldar el proceso multilateral e incrementar y acelerar la acción climática. La Cumbre se enfocará en sectores clave donde la acción puede generar una mayor diferencia —industria pesada, soluciones ecológicas, ciudades, energía, resiliencia y finanzas para el cambio climático.

Necesitamos un cambio rápido y profundo en la forma en que hacemos negocios, generamos energía, construimos ciudades y alimentamos al mundo”

Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas