A pesar de la difícil situación que estamos viviendo por la pandemia nuestra misión debe continuar. Nuestra prioridad es garantizar que nuestro equipo esté sano y cuidado y que nuestros programas puedan desarrollarse de la manera más segura y eficiente posible. Continuaremos comunicando actualizaciones sobre el estado de nuestros programas, y sobre la posible necesidad de fondos urgentes durante este difícil momento.

Jane y todo el Instituto Jane Goodall deseamos agradecerle por su continuo apoyo. Su colaboración nos da esperanza. Doná

Proyecto Siempre Nativas

Proyecto Siempre Nativas
Proyecto Siempre Nativas

Con el apoyo de la NAAEE (North American Association for Enviromental Education), este proyecto socioambiental tiene como objetivo concientizar a la comunidad sobre la importancia de la conservación y restauración para el mantenimiento de los servicios ecosistémicos que nos brinda nuestro bosque nativo. A través de capacitaciones a la comunidad en distintas regiones de la provincia y de tareas de reforestación con nativas. Junto al grupo Roots & Shoots “Siempre Nativas” de Córdoba les compartimos e esta nota contenido referido a Conservación de Bosques Nativos y a Reforestación en el marco de nuestra campaña liderada por Jane Goodall “Green Hope” y el Decenio de las Naciones Unidas por la Restauración de los Ecosistemas.

Adaptaciones al frio

¿Sabías que las plantas pueden producir sustancias anticongelantes para tolerar las bajas temperaturas?

Las proteínas anticongelantes fueron descubiertas por primera vez en peces que viven bajo los casquetes polares y en plantas tolerantes al frío se producen mediante un complejo mecanismo, después de una exposición a bajas temperaturas, entre otros factores.
Estas sustancias no previenen el congelamiento y son secretadas al espacio entre las células para adherirse a la superficie del cristal de hielo, impidiendo la unión de nuevas moléculas de agua y de esa forma reducen el daño causado por el congelamiento.

Bien se sabe que la temperatura es uno de los factores más importantes que pueden afectar el funcionamiento de las plantas y particularmente las bajas temperaturas pueden romper las membranas celulares y proteínas, limitando procesos vitales claves de estos organismos.

La sensibilidad de las plantas al frío depende de: la especie, la edad y las condiciones climáticas, donde generalmente las plantas jóvenes, semillas en germinación y flores son las más vulnerables a los cambios térmicos, mientras que las semillas dormantes son las más resistentes.

Muchas plantas tienen adaptaciones anatómicas a las zonas frías y poseen formas redondeadas con numerosos tallos juntos para retener la humedad y nutrientes, y de esa manera generar un microambiente de protección. Otras tienen una alta densidad de pelos lanosos y colores oscuros para absorber calor y así derretir la nieve que se forma en sus estructuras, mientras que otras pasan el invierno bajo tierra en forma de bulbos. Algunos árboles incluso llegan a perder sus hojas para que no se hielen y otros poseen hojas con forma de aguja y recubiertas con una gruesa capa para protegerse de la rigurosidad de las bajas temperaturas.

Sin embargo no todo es negativo si de frío se trata, ya que muchas especies vegetales necesitan de las bajas temperaturas para la inducción e incremento de la floración, germinación y formación de tubérculos y bulbos.

BIBLIOGRAFÍA

BENAVIDEZ MENDOZA A. (compilador) (2002). Ecofisiología y bioquímica del estrés en plantas. Departamento de Horticultura, Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro Buenavista, Saltillo, COAH, México. 10 pp.

FERNÁNDEZ, G & JOHNSTON M (2006). Fisiología Vegetal (F.A. Squeo & L. Cardemil, eds.) Ediciones Universidad de La Serena, La Serena, Chile. Capítulo XX : 21-26 pp.

TAIZ, L. & E. ZEIGER (1998). Plant Physiology. Second Edition. Sinauer Associates Inc. Publishers. Sunderland Massachusetts. 1162-1172 pp.

Incendios

Autoras: Sara Alamo y Iara Torge

Sequía, vientos y fuego. Una combinación peligrosa para nuestros ecosistemas. Sumamos la variable: humanos y sus intereses. Más peligrosa aún.

En el año 2020 más de la mitad de las provincias de Argentina estuvieron afectadas por incendios. La imagen post fuego es desgarradora, pero no significa que el bosque deje de existir. Nuestros ecosistemas tienen la capacidad natural de recuperarse: algunos árboles desarrollan raíces a muchos metros de profundidad, el fuego arrasa la superficie sin dañar las raíces, por lo que luego de un tiempo el árbol puede rebrotar; algunas semillas se activan con el calor germinando luego del incendio. El fuego es un disturbio natural para algunos ecosistemas, pero la intensidad y frecuencia a la que se están dando estos incendios, no permite la recuperación de los bosques. Menos aún si sobre esa tierra luego se desarrollan obras de infraestructura.

Ante un panorama de crisis hídrica a nivel nacional, es imperioso preservar el buen funcionamiento de nuestros bosques. La capacidad de retener y filtrar el agua hacia las napas nos garantiza algo tan esencial como el agua. La pérdida y erosión del suelo luego de cada incendio afecta la capacidad de regeneración de ese bosque, y en conjunto con la sequía y el viento levanta tormentas de tierra que afectan a nuestra salud. Si por el contrario cae una lluvia, ese suelo es arrastrado a diques, cursos de agua y ciudades, afectando la calidad del agua, y ocasionando pérdidas de viviendas e infraestructura en las ciudades afectadas. Además, la pérdida de especies durante los incendios pone en riesgo a las poblaciones de fauna y flora nativa, e incluso aumenta la interacción con la fauna, aumentando el riesgo de transmitir enfermedades zoonóticas entre animales y seres humanos. Cuando se incendia un bosque no se pierde sólo la cobertura visible a nuestros ojos y algunas plantas, sino que se pierde el refugio y recurso alimenticio de animales, servicios ecosistémicos cómo regulación hídrica, de temperatura y de almacenamiento de carbono e identidad cultural e histórica de las comunidades asociadas a esos bosques.

Un bosque puede recuperarse, pero debemos liberar a la zona de ese disturbio, y asegurarnos de que el fuego no vuelva. ¿Cómo? Con un plan para la prevención de fuego de la mano con educación ambiental, ya que es responsabilidad de todos cuidar nuestros ecosistemas y saber cómo hacerlo. Primero, saber que el bosque sigue vivo aunque no podamos verlo, a su vez, buscar información sobre nuestros ecosistemas y sus características, ya que cada uno es diferente y no hay una única manera de llevar a cabo la restauración. Al inicio, es importante evitar la pérdida de suelo, ya que queda desprotegido, por eso es crucial evitar el ingreso del ganado y del turismo mediante alambrado y cartelería. Retirar las especies exóticas invasoras en zonas cercanas al incendio, para evitar que se desarrollen y compitan con las especies nativas. Y luego lo más importante: paciencia. Al bosque le lleva tiempo regenerarse, pero ¡vale la pena la espera!