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Proyecto Siempre Nativas

Proyecto Siempre Nativas
Proyecto Siempre Nativas

Incendios

Autoras: Sara Alamo y Iara Torge

Sequía, vientos y fuego. Una combinación peligrosa para nuestros ecosistemas. Sumamos la variable: humanos y sus intereses. Más peligrosa aún.

En el año 2020 más de la mitad de las provincias de Argentina estuvieron afectadas por incendios. La imagen post fuego es desgarradora, pero no significa que el bosque deje de existir. Nuestros ecosistemas tienen la capacidad natural de recuperarse: algunos árboles desarrollan raíces a muchos metros de profundidad, el fuego arrasa la superficie sin dañar las raíces, por lo que luego de un tiempo el árbol puede rebrotar; algunas semillas se activan con el calor germinando luego del incendio. El fuego es un disturbio natural para algunos ecosistemas, pero la intensidad y frecuencia a la que se están dando estos incendios, no permite la recuperación de los bosques. Menos aún si sobre esa tierra luego se desarrollan obras de infraestructura.

Ante un panorama de crisis hídrica a nivel nacional, es imperioso preservar el buen funcionamiento de nuestros bosques. La capacidad de retener y filtrar el agua hacia las napas nos garantiza algo tan esencial como el agua. La pérdida y erosión del suelo luego de cada incendio afecta la capacidad de regeneración de ese bosque, y en conjunto con la sequía y el viento levanta tormentas de tierra que afectan a nuestra salud. Si por el contrario cae una lluvia, ese suelo es arrastrado a diques, cursos de agua y ciudades, afectando la calidad del agua, y ocasionando pérdidas de viviendas e infraestructura en las ciudades afectadas. Además, la pérdida de especies durante los incendios pone en riesgo a las poblaciones de fauna y flora nativa, e incluso aumenta la interacción con la fauna, aumentando el riesgo de transmitir enfermedades zoonóticas entre animales y seres humanos. Cuando se incendia un bosque no se pierde sólo la cobertura visible a nuestros ojos y algunas plantas, sino que se pierde el refugio y recurso alimenticio de animales, servicios ecosistémicos cómo regulación hídrica, de temperatura y de almacenamiento de carbono e identidad cultural e histórica de las comunidades asociadas a esos bosques.

Un bosque puede recuperarse, pero debemos liberar a la zona de ese disturbio, y asegurarnos de que el fuego no vuelva. ¿Cómo? Con un plan para la prevención de fuego de la mano con educación ambiental, ya que es responsabilidad de todos cuidar nuestros ecosistemas y saber cómo hacerlo. Primero, saber que el bosque sigue vivo aunque no podamos verlo, a su vez, buscar información sobre nuestros ecosistemas y sus características, ya que cada uno es diferente y no hay una única manera de llevar a cabo la restauración. Al inicio, es importante evitar la pérdida de suelo, ya que queda desprotegido, por eso es crucial evitar el ingreso del ganado y del turismo mediante alambrado y cartelería. Retirar las especies exóticas invasoras en zonas cercanas al incendio, para evitar que se desarrollen y compitan con las especies nativas. Y luego lo más importante: paciencia. Al bosque le lleva tiempo regenerarse, pero ¡vale la pena la espera!