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Declaración del Instituto Jane Goodall Argentina sobre el grupo de macacos residentes en el CEMIC

Buenos Aires, 8 de junio de 2026

El Instituto Jane Goodall Argentina, fiel a la visión de su fundadora, la Dra. Jane Goodall, sostiene que el respeto por cada individuo, por su historia única y por su capacidad de sentir, debe ser siempre el eje de nuestras decisiones. En ese marco, se dirige a la opinión pública y a las autoridades competentes con un mensaje nacido de la responsabilidad ética hacia el grupo de macacos residentes en el Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas Norberto Quirno (CEMIC), que hoy, tras décadas de servicio, se encuentra en una encrucijada vital.

En primer lugar, reconocemos sinceramente la trayectoria y los aportes del CEMIC a la ciencia argentina y celebramos también la decisión histórica de cerrar su centro de experimentación con primates. Ese paso marcó el inicio de una nueva etapa en nuestro país, en línea con un cambio de paradigma que honra a los seres sintientes y reafirma el valor de toda forma de vida.

Nuestra preocupación se centra en los individuos que permanecen en sus instalaciones : un pequeño grupo de macacos, en su mayoría gerontes, que han vivido durante años en cautiverio y merecen una consideración especial. No se trata de “remanentes”, sino de individuos sensibles que han entregado su salud y sus años a la ciencia argentina, y cuya historia merece ser reconocida con respeto y consideración.

Valoramos profundamente la voluntad de ofrecerles un futuro en un centro de rehabilitación especializado y coincidimos en que, tras décadas de encierro, merecen un retiro que priorice exclusivamente su bienestar. No obstante, visto las condiciones imperantes en la zona de destino ampliamente documentadas, incluso por debates recientes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, entendemos que cabría previamente ponderar el riesgo que implica un traslado aéreo a una zona actualmente atravesada por un conflicto bélico, con previsibles demoras, cancelaciones, eventuales desvíos y planes de contingencia, así como la posibilidad de que las prioridades operativas de rutas e instalaciones respondan a usos militares o de emergencia. Todo ello podría comprometer seriamente la seguridad y el bienestar de individuos ya fragilizados.

Asimismo, aun en el supuesto de considerar su instalación definitiva en el centro elegido, resulta prudente ponderar que su ubicación en una región atravesada por un conflicto bélico podría exponer tanto a los animales bajo cuidado humano como a las personas e instituciones responsables de su atención a las consecuencias indirectas de esa situación. En ese marco, entendemos que estos macacos merecen culminar sus vidas en un entorno de paz, estabilidad y seguridad.

Como decía la Dra. Jane Goodall: “Solo si comprendemos, podremos cuidar; solo si cuidamos, podremos ayudar”. Comprender a estos macacos hoy significa reconocer que su derecho fundamental es vivir sus últimos años en un entorno libre de riesgos bélicos, donde puedan envejecer con la tranquilidad que su historia de vida reclama.

Instamos respetuosamente a las autoridades intervinientes a reconsiderar esta decisión y a trabajar de manera colaborativa para asegurar que el último capítulo de la vida de estos individuos sea de paz en suelo argentino. Lo debemos a ellos, y también a la sociedad que espera que las decisiones científicas, administrativas y judiciales se guíen por la compasión y la responsabilidad.

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